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El modelo económico europeo vive

A principios de los años noventa, funcionarios estadounidenses como yo que estábamos haciendo previsiones de largo plazo para la administración Clinton advertíamos que sería imprudente pronosticar una tasa de crecimiento promedio de más del 2.5% anual -y que el crecimiento real podría resultar aún menor. En retrospectiva, fue una década durante la cual la economía de Estados Unidos creció a una tasa promedio anual de 3.4%

En efecto, los Estados Unidos son actualmente 9% más ricos de lo que nos habríamos atrevido a pronosticar hace una década, y ello a pesar de la desaceleración en el mercado laboral y, en consecuencia de los mayores déficits de producción real frente a producción potencial en dos décadas. En Estados Unidos, la "nueva economía" ha demostrado ser una realidad y todo indica que el crecimiento en la próxima década será todavía más rápido.

La aceleración del crecimiento económico de los EU a finales de los noventa nos planteó una incógnita a quienes mirábamos hacia Europa occidental a través del Atlántico: ¿dónde estaba la "nueva economía" europea? La podíamos detectar en Escandinavia y en unos cuantos enclaves dispersos, pero la fuerte huella de las tecnologías mejoradas de computación y comunicaciones sobre las tasas de crecimiento de la producción y la productividad en toda la economía parecían estar ausentes. Europa aparentemente se estaba rezagando cada vez más con respecto a los EU.

Sin embargo hoy en día, si nos fijamos en las comparaciones transatlánticas, a Europa occidental parece estarle yendo mucho mejor de lo que podría esperarse juzgando con base en la prensa financiera de la última década. Por ejemplo, la productividad por hora trabajada en Europa occidental está apenas un 10% por debajo de la de Estados Unidos.