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Cae la lluvia copiosa del euro

SUECIA – El juego de echar culpas está de moda a medida que la crisis y la desesperación se propagan por Europa. Los informes de noticias, así como el debate político y económico, hoy en día se centran en identificar a los culpables, y banqueros y políticos son los que surgen como principales sospechosos.

A los banqueros se los acusa porque sus préstamos y su especulación irresponsables trajeron aparejada la caída de economías como Irlanda y Letonia, así como graves problemas en países como España y Portugal. A los políticos se los culpa porque no ajustaron las políticas fiscales cuando era necesario para impedir las burbujas inmobiliarias, controlar los déficits externos y evitar el sobrecalentamiento económico. Ahora, después de que las burbujas estallaron y que al colapso inevitable del mercado inmobiliario le siguieran el de los bancos, las finanzas públicas y los mercados laborales, los villanos deben recibir castigo.

Sin embargo, este ejercicio popular no tiene sentido. Es obvio que los políticos y los banqueros cometieron errores graves que contribuyeron a la crisis actual. Pero, más allá de lo malos que puedan parecer los líderes políticos y financieros de Europa, un repentino incremento de la cantidad de individuos incompetentes o inmorales en la periferia de la eurozona no es una explicación creíble para esta crisis. Los dirigentes de Irlanda y Letonia fueron elogiados como modelos de rol poco tiempo antes de convertirse en chivos expiatorios.

A decir verdad, la culpa debería ser compartida por aquellos que conocían, o deberían haber conocido, los riesgos de perder la capacidad de fijar tasas de interés en países individuales. Sabemos que tasas de interés reales extremadamente bajas producen una expansión masiva del crédito. En países con un mayor crecimiento de los precios que en Alemania, pero con los mismos costos de endeudamiento, esto no puede producir otra cosa que sobrecalentamiento, mayor inflación o incluso tasas de interés reales más bajas.