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La crisis de la democracia con el euro

FLORENCIA – Al final, como siempre, Europa actuó, pero, ¿será suficiente?

No cabe duda de que los mercados financieros se mostrarán escépticos sobre el compromiso solemne de los miembros de la zona del euro de que la suspensión de pagos de facto de Grecia seguirá siendo una excepción. Las garantías verbales han sido la moneda preferida de la Unión Europea al abordar la crisis del euro, pero ahora las palabras tienen tan poco valor como la deuda soberana de Grecia.

Europa necesitó más de un año para hacer lo que todo el mundo sabía que se debía hacer para contener la crisis griega y aún puede no ser suficiente, pues las medidas aprobadas no constituyen el compromiso transparente y a largo plazo de restablecer la hacienda griega que desean los mercados.

Ésa es la naturaleza de la política europea. La UE sólo actúa cuando se encuentra entre la espada y la pared y, cuando por fin hace lo que debe, finge no estar haciéndolo. La razón es la de que la política de la Unión Europea es más que nada política nacional, que aborda las cuestiones nacionales con una dimensión europea, pero no las cuestiones europeas. La profunda interdependencia de la UE se pierde en la política nacional, lo que crea un desfase entre el alcance y el nivel de las políticas y la esfera en la en que se actúa políticamente. El déficit democrático de Europa es menos un desfase entre las instituciones y los ciudadanos europeos que entre la política nacional y los problemas europeos.