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El euro en una zona cada vez más reducida

LONDRES – La reciente cumbre de la Unión Europea fue un desastre. Tanto Gran Bretaña como Alemania jugaron un juego que no debían: el Primer Ministro británico, David Cameron, aisló a Gran Bretaña de Europa, mientras que la Canciller alemana, Angela Merkel, aisló la zona del euro de la realidad.

Si Cameron hubiera llevado un programa de crecimiento económico a la cumbre, habría estado luchando por algo real y no le habrían faltado aliados. En cambio, aceptó el programa de austeridad de Merkel, que su propio gobierno está aplicando independientemente, y optó por vetar las propuestas sobre un nuevo tratado europeo para proteger la City de Londres, cosa que entusiasmó a los euroescépticos del Partido Conservador de Cameron, pero no ofreció nada para contrarrestar la medicina letal prescrita por la Dama de Hierro de Alemania.

El acuerdo alcanzado en Bruselas excluye la posibilidad alguna de gestión keynesiana de la demanda para luchar contra la recesión. Los déficits presupuestarios “estructurales” quedarían limitados al 0,5 por ciento del PIB, con sanciones (aún no reveladas) para los infractores.

Ésa es una cura inadecuada para la crisis de la zona del euro. La doctrina de Merkel sostiene que la crisis es la consecuencia de un derroche estatal, por lo que sólo una norma “estricta” sobre el presupuesto equilibrado puede impedir la reaparición de crisis semejantes.