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Un presupuesto europeo verde

PARÍS – Por previsibles que parezcan las difíciles negociaciones que entraña la política europea, al final raras veces dejan de sorprender. Esta semana se celebrará una cumbre decisiva de la Unión Europea encaminada a lograr un pacto sobre el presupuesto de la UE para el período 2014-2020, el llamado marco financiero plurianual (MFP), y hay un intenso mar de fondo, por decirlo suavemente.

Antes de que se haya pronunciado palabra alguna, se está diciendo a los europeos que las negociaciones de Bruselas no serán “plácidas” y se cierne la amenaza de vetos de determinados Estados miembros. Lamentablemente, semejantes afirmaciones podrían perfectamente llegar a ser una profecía destinada a cumplirse fatalmente.

Veamos esto: un grupo de grandes empresas radicadas en diversos países de la UE –del estilo de Tesco, Shell, Barilla y Philips– están insistiendo en que, sea cual fuere su tamaño final, el acuerdo sobre el MFP debe entrañar el compromiso de un mínimo del 20 por ciento del gasto en 2014-2020 de crecimiento verde y con menores emisiones de carbono. Son las mismas empresas a las que los gobiernos nacionales de Europa cortejan y escuchan diariamente, pero, en relación con el  MFP, los dirigentes nacionales de Europa no parecen escuchar atentamente. Tampoco dicen gran cosa sobre los evidentes dividendos que semejante gasto podría proporcionar desde el Reino Unido, en el Oeste, hasta el más reciente país candidato de la UE, Croacia, en el Este.

Los 500 millones de ciudadanos de Europa pueden no sorprenderse de lo que está ocurriendo en los pasillos del poder, pero deberían considerarlo muy preocupante. La cuestión no es sólo lo que se podría perder en la carrera hacia el fondo a la que muchos gobiernos nacionales de la UE están lanzados, sino también el sentimiento manipulador contra la UE que procede de muchos sectores de la prensa europea, que parece decidida a incitar a diversos dirigentes nacionales a otro enfrentamiento presupuestario.