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La UE o el cerdo de Navidad

"Debemos encargarnos de que el cerdo (ese animal sin el que nosotros, la nación rumana, no puede vivir) no desaparezca". Eso exclamó con pánico un diputado socialista en el parlamento de Rumania hace unas semanas. "En un año, 4.5 millones de cerdos serán sacrificados, pero los pollos entrarán primero que nosotros a la Unión Europea", añadió el presidente de la Asociación de Porcicultores de Rumania.

En todo el país crece el temor de un inminente genocidio porcícola mientras nos preparamos para negociar nuestro ingreso a la UE. El hecho es que los métodos para criar y matar cerdos aquí no cumplen con las normas de la UE, y nadie está dispuesto a invertir los recursos que se necesitan para elevar nuestros criaderos a los niveles de la Unión. Pero, ¿dejaremos que nuestro amado cerdo ponga en peligro el interés nacional supremo?

Rumania terminará sus negociaciones para la membresía en la UE en 2004. Por supuesto, tenemos muchos problemas que la Unión quiere ver resueltos: corrupción desenfrenada, mala administración pública, un sistema de justicia que es una burla a la imparcialidad y una economía que, a pesar de algunos avances, todavía no ha sido declarada "mercado funcional" por la Comisión Europea. Pero es la agricultura, y en particular el cerdo rumano, lo que causa los peores dolores de cabeza en Bucarest y en Bruselas.

Aunque Rumania está apenas a unos cientos de kilómetros de los países de la UE, está a varios siglos de distancia en términos agrícolas. Alrededor del 40% de nuestra población vive en zonas rurales, con 80% de la tierra dividida en parcelas pequeñas.