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El fin de la Doctrina Monroe

La Doctrina Monroe -que en 1823 proclamó que toda América latina era una zona de exclusivo interés norteamericano- se está marchitando. La globalización y los cambios dinámicos de las economías y la política de sus muchos países le están brindando a América latina la oportunidad de reducir el nivel de dependencia de Estados Unidos y, en consecuencia, de renegociar, en mejores términos, sus relaciones hasta ahora asimétricas con su gran vecino del norte.

La creciente integración de América Latina con el mundo es el factor clave aquí. China, la potencia en ascenso del mundo, está empeñada en fortalecer su comercio, inversión, ayuda y cooperación con la región. Y Rusia, profundamente insatisfecha con lo que percibe con un trato de segunda clase por parte de Estados Unidos, está regresando a la región tanto con negocios como con ventas de armas.

Rusia puede no estar persiguiendo abiertamente una nueva Guerra Fría, pero, al mejorar su posición en América latina, se ve a sí misma poniendo fin a años de implosión y humillación. Las gigantescas ventas de armas del Kremlin a Venezuela, y los ejercicios militares bilaterales realizados allí, así como el restablecimiento de vínculos de seguridad con Cuba, demuestran que Rusia está dispuesta, una vez más, a desafiar la hegemonía norteamericana en el Caribe.

Irán, también, se sumó a la partida. Está haciendo un esfuerzo para fortalecer los vínculos con América latina y central, tanto diplomáticamente como a través de políticas energéticas. Ahora tal vez incluya un componente militar en sus acuerdos con Ecuador. Y la India y Sudáfrica están forjando vínculos comerciales y políticos embrionarios y productivos, especialmente con Brasil.