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El fin de comenzar a terminar con la pobreza

Con el Presidente Bush en la mesa, los “maestros del artificio mediático” que tienden un brillante halo sobre todas su acciones tienen poca necesidad de rebajar las expectativas acerca del resultado de la reunión del G-8 en Escocia. Cualquier acuerdo sería visto como un logro de importancia. La cancelación de la deuda multilateral de los países más pobres del mundo, gracias a la iniciativa británica, es aún así especialmente bienvenida.

El acuerdo por parte del G-8 de aliviar la deuda es un acontecimiento de envergadura, pero no debemos dejarnos engañar por la aparente magnanimidad del gesto: gran parte de la deuda no habría sido pagada de todos modos. Se necesita un mayor alivio de la carga de la deuda, que abarque a más países y más deuda (incluida la deuda bilateral). Pero esto debería verse apenas como un comienzo. Como Inglaterra misma lo ha hecho notar, los países en desarrollo necesitan más ayuda y un régimen internacional de comercio más justo.

Quizás no sea de sorprender que el FMI haya intentado aplicar paños fríos sobre el entusiasmo internacional hacia su generosidad. Ha advertido que nuevos estudios sugieren que, en general, la ayuda no conduce a un crecimiento más rápido.

Esto fue recibido con alivio por la administración Bush, que afirma haber aportado todo lo que permiten sus "procesos presupuestarios". El país más rico del mundo, que despreocupadamente dio a sus ciudadanos más ricos una serie de recortes de impuestos por un valor de cientos de miles de millones de dólares, ahora dice que simplemente no se puede permitir gastar más en ayuda.