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El fin de la segunda revolución rusa

MOSCU: Tarde o temprano todas las revoluciones se acaban. La gente se harta tanto del crimen y la incertidumbre que “la ley y el orden” se convierten en sus metas principales. En este punto la sociedad o se rinde a la dictadura o forja un nuevo pacto social que acepta los resultados centrales de la revolución.

En Rusia, la revolución de los 1990 ha entrado claramente a su fase de estabilización: hay una aceptación generalizada del mercado y la propiedad privada; el periodo de debilidad de la autoridad estatal y del gobierno está dando lugar a un poder estatal más fuerte, mientras una sociedad exhausta otorga a los gobernantes de hoy un mayor margen de maniobra.

Así, actualmente existe una posibilidad real para crear un nuevo pacto político-social. No obstante, queda una pregunta crítica: ¿cómo utilizarán los gobernantes rusos su poder renovado y su libertad de maniobra? Se encuentran ahora en posición de llevar a cabo una política constructiva y de abordar problemas que han sido ignorados durante mucho tiempo. Sin embargo, existe también el peligro de que esos poderes forjen un régimen antidemocrático; que a la estabilización le siga el autoritarismo.

El hecho de que la economía de mercado ya no esté seriamente amenazada es esperanzador. Las luchas sobre la redistribución de la propiedad y los debates sobre la forma que debe tomar la economía de mercado continúan, por supuesto, pero todos consideran que la economía de mercado es ya una realidad en Rusia. El gobierno de Primakov, que llegó al poder en 1998, dependía de la mayoría comunista en la Duma; aún así, no se atrevieron a desmantelar ninguna institución de mercado. En este punto parece que se ha alcanzado un acuerdo básico.