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¿El fin del peronismo?

Jorge Luis Borges, el más grande escritor argentino, dijo alguna vez: "Los peronistas no son buenos ni malos, simplememte son incorregibles". A medida que la Argentina se prepara para las elecciones presidenciales del 27 de abril, el comportamiento de las facciones peronistas de hoy en día es prueba irrefutable de esa descripción.

El partido peronista no se ha unificado para apoyar a un candidato único. Puesto que la política peronista no está definida por principios sino por el pragmatismo y el oportunismo, los líderes peronistas se han sentido con la libertad de promover sus propias ambiciones ya que su enemigo tradicional, el Partido Radical, aparentemente obtendrá apenas el 2-3% de la votación.

Tres candidatos peronistas (dos ex presidentes, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá, y Néstor Kirchner, gobernador de la lejana provincia sureña de Santa Cruz) están compitiendo por el puesto. A ninguno le está permitido utilizar el nombre o los símbolos del partido. Sin embargo, todos aseguran ser el sucesor legítimo de Juan Perón. ¡ Vaya herencia la que reclaman ! Ni siquiera la Argentina se merece la historia que heredó del peronismo.

Desde su aparición en 1943, el peronismo fue una insulsa mezcla de ingredientes copiados de los dictadores europeos: antisemitismo, desfiles, militarismo, todo endurecido por una base sindical corrupta. Juan Perón proclamaba que en 1937, él había elegido desempeñar el cargo de agregado militar argentino en Roma para poder estudiar de cerca el fascismo. Depuesto en 1955 y exilado sucesivamente en varios países latinoamericanos sometidos a regímenes dictatoriales, Perón finalmente se estableció en España en 1962, donde el General Franco dio su nombre a una de las avenidas más importantes de Madrid.