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¿El fin de la movilidad automotriz?

ALBANY – En el mundo moderno, valoramos enormemente nuestra libertad e individualidad. Y, como desde hace mucho han comprendido los encargados de la publicidad de automóviles, pocas experiencias nos hacen sentir más libres que conducir a toda velocidad en un descapotable.

Ser moderno es ser móvil. Nuestra economía depende de la circulación rápida y libre de bienes y personas, y hemos inventado tecnologías de transporte para dar respuesta a nuestras necesidades. Primero, los ferrocarriles transportaron bienes y personas a velocidades inimaginables hasta entonces, mientras los barcos a vapor daban la vuelta al mundo. Luego, en el siglo veinte, los aeroplanos nos transportaron incluso más rápido.

Sin embargo, para la mayoría de la gente "movilidad" es sinónimo de automóviles. Los autos liberaron a la gente del campo de su aislamiento y dieron a los citadinos acceso a las zonas rurales. Las clases medias dan por hecho que les corresponde poseer un automóvil, mientras que los pobres del mundo aspiran a uno como signo y herramienta de progreso.

No obstante, ¿es sustentable nuestra movilidad moderna? Enfrentamos una crisis energética, una crisis climática y una crisis económica... y quizás también una crisis de movilidad.