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¿El fin de la historia (económica)?

PARÍS – Algunas obras académicas, por motivos que son al menos en parte oscuros, dejan una huella persistente en la historia intelectual. Es el caso del trabajo de John Maynard Keynes “Posibilidades económicas para nuestros nietos”.

La importancia del trabajo de Keynes reside no tanto en la forma en que responde a las preguntas que plantea, sino en la naturaleza de las propias preguntas. ¿Podría el funcionamiento del sistema capitalista por sí solo poner fin al problema de la escasez –y por lo tanto al capitalismo mismo? ¿Cómo se podría esperar razonablemente que fuera la vida en una era así?

Keynes comenzó a examinar estas cuestiones con el cálculo del interés compuesto y sus resultados espectaculares cuando se aplicaban a períodos largos. A una tasa de crecimiento del 2% anual, cualquier cifra, incluido el PIB, aumentará por un factor de 7.5 en un siglo. Entonces, ¿se resolvería con tal aumento el problema de la escasez –que subyace a toda la economía?

Para Keynes la respuesta es un claro sí, porque ese aumento permitiría satisfacer lo que él llama las “necesidades absolutas”. Naturalmente Keynes tenía plena conciencia de que las necesidades relativas –igualar al vecino—nunca se saciarán, pero pensaba que estas necesidades llegarían a ser de segunda importancia, tan lejanas de la búsqueda de una buena vida que tratar de satisfacerlas se consideraría una forma de neurosis. Según Keynes, en cambio, aprenderíamos gradualmente a “dedicar nuestras energías a propósitos no económicos”.