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Las instituciones mundiales después de la crisis

OXFORD – Hace cinco años, cuando colapsó Lehman Brothers y estalló la crisis financiera mundial, muchos entrevieron una luz de esperanza: la promesa de una gobernanza económica mundial más eficaz. Pero, a pesar de la oleada de iniciativas iniciales, el mundo está tan lejos de esa meta como antes.

El Consejo de Estabilidad Financiera (CEF), establecido después de la cumbre del G20 en Londres, en abril de 2009, carece de mandato legal y poder de coerción, y tampoco cuenta con procesos formales para incluir a todos los países. El Fondo Monetario Internacional aún aguarda la duplicación de su capital (otra de las promesas iniciales), mientras sus recursos existentes están fuertemente atados a Europa y las reformas de su gestión se han estancado. El Banco Mundial ha recibido un modesto aumento en sus recursos, pero todavía debe generar capacidad para prestar rápida y globalmente más allá de los prestatarios y acuerdos de crédito existentes. Además, sus ingresos están decayendo.

Sin embargo, la necesidad de una gobernanza a económica mundial eficaz es más urgente que nunca. Los bancos y otras instituciones financieras deambulan internacionalmente, ayudados en gran medida por las normas para la apertura de mercados incorporadas en los tratados de comercio e inversión, pero sin responsabilidad legalmente exigible respecto de las disposiciones adecuadas para sus propias pérdidas cuando las cosas no van bien. En lugar de eso, enormes riesgos se han mantenido supuestamente a raya mediante estándares voluntarios promulgados por un rompecabezas de organizaciones públicas y privadas para la «fijación de estándares».

La crisis demostró que esto era inadecuado. Los titanes de Wall Street y de la City londinense estaban tanto expuestos como sobreapalancados. Los extraordinarios rendimientos que produjeron sus apuestas acertadas aumentaron su poder financiero y político –que aún mantienen– mientras que los contribuyentes debieron rescatarlos cuando apostaron equivocadamente.