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El 18 Brumario de Arnold Shwarzenegger

Substituir a un gobernador al que reeligieron hace tan sólo un año por Arnold Schwarzenegger debe de haber dado a los votantes californianos un placer inmenso, aunque con sensación de culpabilidad. A algunos miembros de la oposición en Alemania les encantaría hacer lo propio con el Canciller Gerhard Schröder, aunque no han encontrado (¡aún!) a una estrella de cine para que lo substituya.

Otros gobiernos europeos se encuentran en un estado similar de impopularidad poco después de haber sido elegidos. Fuera de Europa, lo mismo se puede decir del Presidente de Brasil Luis Inacio "Lula" da Silva, recientemente aclamado, por no hablar del Presidente de México, Vicente Fox, y del Presidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, quien ha convocado un referéndum para intentar poner fin a la caída en picado de su popularidad.

Parece que hoy en día el éxito electoral se desvanece muy aprisa. Así, pues, ¿deberían todos los países aprobar un procedimiento de destitución para mantener la legitimidad de los gobiernos?

En absoluto. La democracia, según dijo el filósofo Karl Popper, consiste en poder destituir sin violencia a quienes ocupan el poder; en ese sentido, consiste en un procedimiento de ensayo y error. Pero se debe dar a los dirigentes la oportunidad de gobernar. De hecho, necesitan una oportunidad de cometer errores y aprender y recuperarse de ellos, siempre y cuando sus decisiones no afecten a los fundamentos del propio orden democrático. El procedimiento de ensayo y error entraña la oportunidad de equivocarnos, antes de que volvamos a ensayar.