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La economía de la contención estratégica

NUEVA DELHI.– Durante la reciente cumbre en Cannes, el G-20 archivó, si no sepultó, las negociaciones comerciales multilaterales de la Organización Mundial del Comercio en la moribunda Ronda de Doha para el Desarrollo. Europa y América, cansadas ya de la crisis, enfrentan una creciente oleada de proteccionismo local y buscan formas de atemperar la poco transparente competitividad comercial china.

En un cambio de atención desde el Atlántico al Pacífico, el presidente estadounidense Barack Obama –con sus ojos puestos una vez más en China– ha revelado una nueva iniciativa para el comercio regional. ¿Por qué los Estados Unidos no estaban dispuestos a avanzar en la Ronda de Doha, pero sí con un acuerdo regional de libre comercio?

La respuesta reside en que el Acuerdo Transpacífico (ATP), presentado por Obama y los gobiernos de otras ocho economías del Pacífico –Australia, Brunei, Chile, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam– no es solo cuestión de comercio.

Mientras que Obama decidió atenerse a los factores económicos que impulsan el ATP, la secretaria de estado de los EE. UU., Hillary Clinton, en la víspera de la reciente reunión de Cooperación Económica del Pacífico Asiático en Hawái, presentó el contexto de la iniciativa ampliado en términos estratégicos. «Los Estados Unidos continuarán insistiendo en que… [la región] no solo debe buscar más crecimiento sino un mejor crecimiento», que «no es meramente una cuestión económica», afirmó Clinton. «La apertura, libertad, transparencia y justicia tienen un sentido que va más allá del entorno económico», continuó. «Así como los Estados Unidos aboga por ellas en un contexto económico, también lo hacemos en contextos políticos y sociales».