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Los imperativo económicos de la Primavera Árabe

WASHINGTON, DC / ESTAMBUL - Ha pasado casi un año desde que la revolución en Túnez y las protestas en la Plaza Tahrir de El Cairo derrocaran regímenes autoritarios anquilosados y dieran pie a una tormenta mucho más amplia -y todavía furiosa- en el mundo árabe. Nadie puede predecir con seguridad a dónde conducirán con el tiempo estos acontecimientos a los pueblos y naciones árabes. Pero algo sabemos a ciencia cierta: no hay vuelta atrás. Están surgiendo nuevos movimientos y estructuras sociales y políticas, el poder está cambiando y se espera que los procesos democráticos se fortalezcan y difundan en todo el mundo árabe en 2012.

Lo ocurrido en el mundo árabe en 2011 recuerda otras transiciones regionales de largo alcance, como la de Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín en 1989. Hay diferencias, por supuesto, pero la naturaleza contagiosa de los levantamientos es muy similar a la de las revoluciones que llevaron a su fin el comunismo en Europa. Así también es el debate sobre las contribuciones relativas de los factores políticos y económicos a la erupción final de protestas populares.

Si bien el anhelo de dignidad, libertad de expresión y participación democrática real fue la fuerza conductora subyacente de las revoluciones árabes, el descontento económico desempeñó un papel vital y los factores económicos ayudarán a determinar cómo se desarrolla la transición en el mundo árabe. Merece la pena tener en mente tres retos fundamentales y de largo plazo.

En primer lugar, el crecimiento tendrá que ser mucho más inclusivo, especialmente en términos de creación de empleo. La proporción de jóvenes con empleo era alrededor del 27% en los países árabes en 2008, frente al 53% en Asia oriental. Más aún, se ha ampliado la desigualdad de la distribución del ingreso y el fenómeno global del aumento de la concentración de la riqueza en los niveles superiores es muy pronunciada en varios países árabes. Los ingresos más altos en estos países han sido en gran parte resultado del clientelismo político, en lugar de la innovación y el trabajo duro. Si bien Túnez es un caso extremo de un régimen de promoción de los intereses económicos en una pequeña camarilla, el patrón estaba generalizado.