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Argumentos en contra del recorte fiscal

NUEVA YORK: Los políticos en Washington están preocupados por las señales de que el gran boom estructural de los últimos cinco años en Estados Unidos está llegando a su fin: proyecciones de ganancias más bajas, deudas corporativas mayores y disminuciones consecuentes en la inversión empresarial en capital fijo, en la contratación de empleados y en la obtención de clientes nuevos. Si, en efecto, el boom ya terminó, la tasa estructural de desempleo –llamada “tasa natural”—se elevará a un nivel más normal de entre el 4.5 y el 5%. Alan Greenspan, director de la política monetaria de los EU podrá ayudar evitando restricciones al dinero, pero no podrá deshacer este cambio estructural.

¿Qué debe hacerse? Los rumores pronostican un alejamiento de las “finanzas sanas” de los noventa –las tasas impositivas elevadas y el mayor control sobre el gasto que sustituyeron los déficits presupuestarios con superávits. Los republicanos proponen un recorte masivo de impuestos, mientras que los demócratas están en favor de un paquete que incluya un aumento al gasto y un recorte impositivo menor, lo cual tendría el mismo costo presupuestal. Cualquiera de estas propuestas representaría un golpe muy duro contra el superávit de este año. Lo superávits futuros desaparecerían hacia el final de la década, sino es que antes.

Varios economistas se oponen. Estamos de acuerdo en que las acciones tanto de los republicanos como de los demócratas tendrían algunos efectos positivos. Existen investigaciones –tanto mías como de otros—que confirman que los cambios en las tasas de impuesto al ingreso personal (que es la parte más importante del plan del Presidente Bush) tienen un impacto sobre el desempleo estructural, y no sólo sobre los salarios netos. El sentido común indica que un recorte en el impuesto al ingreso aumenta los incentivos de los empleados y directivos, reduciendo costos y elevando la rentabilidad –en gran parte porque las utilidades sobre la riqueza de los trabajadores generalmente queda excluida del impuesto al ingreso. Lo que se discute es la justificación para la “droga” del recorte al impuesto sobre el ingreso, junto con sus efectos contraproducentes.

La consideración más vieja en contra de un recorte impositivo tiene su origen en los neokeynesianos de los 1950, que consideraban esos recortes como contrarios al crecimiento. Un recorte a los impuestos, al estimular más la demanda de consumo que la demanda de inversión, desvía recursos de la creación de bienes de capital no comerciables –plantas y oficinas—a la fabricación de bienes de consumo no comerciables (incluyendo bienes duraderos como las casas). Tal desvío de recursos da por resultado una desaceleración en la creación de la economía de la información y en la productividad.