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El dividendo de la defensa

BRUSELAS – En la ladera de un monte desde la que se domina la ciudad turca de Gaziantep, hay lanzamisiles Patriot que vigilan bajo el mando y el control de la OTAN. Es una de las seis baterías Patriot de tres países de la Alianza –Alemania, los Países Bajos y los Estados Unidos– que protegen a millones de personas a lo largo de la frontera sudoriental de Turquía con Siria. El despliegue demuestra el compromiso duradero de la OTAN con su misión básica: salvaguardar la seguridad de sus miembros. También demuestra que, cuando estalla una crisis, no hay substituto de la disuasión y la defensa eficaces.

Prácticamente todos los días brindan pruebas de que un arco de crisis –desde el terrorismo y la proliferación de armas hasta la piratería, pasando por los ciberataques– está extendiéndose desde Oriente Medio y el Sahel hasta el Asia central. Esos riesgos no desaparecerán mientras los miembros de la OTAN estén centrados en arreglar sus finanzas. La realidad es que nuestra forma de vida está basada en la seguridad y la estabilidad, sin las cuales la inversión se apaga, el empleo se desploma y las economías se contraen.

En estos duros tiempos económicos, todos somos profundamente conscientes de que la seguridad tiene un precio, pero no debemos olvidar que el costo de la inseguridad es inaceptable. La defensa es nuestra póliza de seguros esencial en un mundo complejo e imprevisible.

Los conflictos se cobran un terrible precio humano, mientras que el restablecimiento de la paz y el apoyo a la reconstrucción es extraordinariamente caro. Por ejemplo, se calcula que el costo total de las guerras de los Balcanes del decenio de 1990 ascendió a 150.000 millones de dólares. En la actualidad, la OTAN sigue manteniendo un ambiente seguro para todos los habitantes de Kosovo y está ayudando a toda la región a avanzar por la senda de la integración euroatlántica.