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Al rescate de la verdadera potencia hegemónica de Europa

MÚNICH – En junio pasado, la Comisión Europea anunció un giro de 180 grados en cuanto a la reestructuración bancaria. El dinero para recapitalizar los bancos en dificultades ahora vendría principalmente de los acreedores, no de los contribuyentes europeos, y se les pagaría según un orden específico. Todo suena muy bien, al menos en teoría. Sin embargo, en la práctica, el esquema deja mucho que desear.

El problema es que una lista muy larga de excepciones reduce los activos recuperables a tal grado que en muchos casos seguirá siendo imposible operar sin dinero público. El plan de largo plazo es que este dinero vendría de un fondo creado por los propios bancos europeos. Sin embargo, el Eurogrupo (reunión de ministros de Finanzas de la eurozona, a la que asisten el Comisario de la UE de Asuntos Económicos y Monetarios y el Presidente del Banco Central Europeo) sugiere que, hasta entonces, el Mecanismo Europeo de Estabilidad  (MEDE) –y por ende, los contribuyentes– aporten los recursos faltantes.

Así pues, dado que los contribuyentes supuestamente deben financiar garantías de depósitos de hasta 100,000 euros (133,000 dólares) –el nivel medio de la riqueza de las familias holandesas y el doble de la media alemana– la propuesta del Eurogrupo se reduce a una enorme redistribución de riqueza en Europa, cuyas dimensiones no ha comprendido el público.

La idea de eximir la deuda garantizada de los bancos del esquema de recapitalización según un orden específico es muy complicada también. Si bien la propuesta parece inofensiva y casi obvia, no lo es; la deuda garantizada no necesita mayor protección porque ya se garantizó. Desde esta perspectiva, la protección adicional que ofrece dicha exención causa gran sorpresa.