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La lógica interna de los complots en la política exterior del Irán

WASHINGTON, D.C. – Aunque el embajador saudí, Adel Al Jubeir, está vivo y salvo en Washington, el complot para asesinarlo puede haber dado resultado, en caso de que su fin no fuera matar a Al Jubeir, sino desbaratar la política exterior del Presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad.

La historia de la República Islámica está plagada de casos de facciones que explotan la política exterior para lograr poder frente a rivales internos. Es habitual que los grupos que compiten entre sí sacrifiquen los intereses nacionales –como, por ejemplo, la credibilidad internacional– para lograr sus fines.

Durante la guerra irano-iraquí, el asesor de seguridad nacional de Ronald Reagan, Robert McFarlane, hizo una visita clandestina al Irán con la aprobación de las más altas autoridades del país para concertar un trato que habría sido ventajoso para el Irán, pero elementos antiamericanos del Gobierno filtraron la noticia a un periódico árabe, con lo que desbarataron el trato y pusieron al gobierno de Reagan y al del Irán en un gran aprieto.

Mir Hosein Mousavi, el ex primer ministro que ahora encabeza la oposición, explicó claramente el problema hace más de veinte años. El 5 de septiembre de 1988, dimitió para protestar por la intromisión del presidente Ali Jamenei en sus funciones. En su carta de dimisión, Mousavi se quejaba de que “se ha[bía]  privado al Gobierno de su competencia en materia de política exterior”. Hizo esta acusación: