El cielo en extinción

Hace algunos meses, un astronauta norteamericano accidentalmente dejó escapar una herramienta en órbita, despertando temores por el posible peligro de que se convirtiera en un objeto perdido que pudiera destruir un satélite costoso o, incluso, amenazar vidas en lo alto. Poco tiempo después, China hizo estallar uno de sus satélites, duplicando de inmediato el tipo de desechos orbitantes que son peligrosos por la dificultad que implica rastrearlos.

Una vez más, el mundo tomó conciencia de la extraña situación que se está produciendo en nuestros cielos. El cielo es un dominio único, que está regulado de manera inadecuada. Con la llegada de las contaminaciones y las tecnologías globales, remediar esta situación se está convirtiendo en un problema cada vez más urgente.

En la mayoría de los casos, las leyes para los cielos reflejan las que gobiernan los océanos del mundo. Los océanos pertenecen a todos, excepto los que están cerca de las masas de tierra, que son controlados de manera similar a las fronteras terrestres de un país. En consecuencia, el cielo suele conceptualizarse en términos de tráfico. Los aviones de línea y los de combate operan en un aire "controlado" cercano a la tierra, mientras que la nacionalidad, se supone, importa menos cuanto más alto uno va. Los frágiles tratados que se ocupan de este aspecto se hacen cumplir principalmente por el hecho de que son pocos los países que pueden permitirse colocar activos a tanta altura.

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