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Los pioneros de la diarrea

PALO ALTO – Además de la devastación causada en Haití por el terremoto de enero, el huracán Tomás este mes y los subsiguientes trastornos, exposición y desnutrición, el país hoy está experimentando un brote de cólera que crece a pasos acelerados. Al menos 8.000 personas están actualmente hospitalizadas, y la cantidad de muertes es de casi 600 como consecuencia de esta enfermedad bacteriana contagiada a través del agua. Y, en vista de la falta generalizada de agua potable, sanitación básica e instalaciones médicas, esas cifras seguramente aumentarán.

Aún en la ausencia de desastres naturales, la diarrea es el asesino infeccioso número dos de niños menores de cinco años en los países en desarrollo (superado solamente por las enfermedades respiratorias), lo que representa aproximadamente dos millones de muertes por año. Sin embargo, gracias a una innovación simple pero ingeniosa de una compañía de biociencia emergente, esas cifras podrían convertirse en una reliquia del pasado, al igual que la mortalidad por viruela y peste bubónica.

Aleppo

A World Besieged

From Aleppo and North Korea to the European Commission and the Federal Reserve, the global order’s fracture points continue to deepen. Nina Khrushcheva, Stephen Roach, Nasser Saidi, and others assess the most important risks.

Desde los años 1960, el estándar de atención de la diarrea infantil en el mundo en desarrollo ha sido la formulación por parte de la Organización Mundial de la Salud de una solución de rehidratación, un líquido de alto contenido de sodio a base de glucosa que se administra por vía oral. El producto de baja tecnología fue revolucionario. Salvó innumerables vidas y redujo la necesidad de hospitalizaciones costosas (y muchas veces inaccesibles) y de una rehidratación intravenosa.

Sin embargo, este producto no hizo nada para aliviar la gravedad o duración de la enfermedad, que con el tiempo deriva en desnutrición, anemia y otros riesgos médicos crónicos. Otras estrategias de tratamiento y medidas preventivas –entre ellas, cambios en las políticas de salud pública, mejora del tratamiento del agua y desarrollo de vacunas- no dieron resultados ni significativos ni efectivos en materia de costos.

La solución (literal y figurativamente) puede ser una innovación ingeniosa y costeable de Ventria Bioscience que combina componentes de alta y baja tecnología para ofrecer lo que podría ser un verdadero Santo Grial: dos proteínas producidas a muy bajo costo en el arroz que mejoran radicalmente la efectividad de las soluciones de rehidratación.

Desde hace décadas se sabe que los niños amamantados se enferman de diarrea y otras infecciones con menos frecuencia que aquellos alimentados con leche en polvo. Una investigación en Perú demostró que fortificar la solución de rehidratación oral con dos de las proteínas protectoras primarias de la leche materna, la lactoferrina y lisozima, aligera la duración de la diarrea y reduce el índice de recurrencia. La posibilidad de que la gente en el mundo en desarrollo tenga acceso a una solución de rehidratación oral de este tipo sería un avance casi milagroso.

Ventria se unió a investigadores de la Universidad de California en Davis y a un hospital infantil y un instituto de nutrición muy prestigiosos de Lima, Perú, para probar los efectos de incorporar lactoferrina y lisozima a una solución de rehidratación oral a base de arroz. El nuevo brebaje ofrece más nutrición que la solución de rehidratación oral a base de glucosa y sabe mejor para los niños, de modo que es más probable que lo tomen.

Los investigadores descubrieron que cuando se incorpora la lactoferrina y la lisozima a la solución de rehidratación oral a base de arroz, la enfermedad de los niños se reduce de más de 5 días a 3,7. Se cree que esta mejora es producto del efecto antimicrobial de la lactoferrina y la lisozima, durante mucho tiempo conocidas como proteínas protectoras primarias de la leche materna.

Es más, en el período de seguimiento de doce meses, los niños que habían recibido la solución a base de arroz tenían menos de la mitad de la tasa de recurrencia de diarrea (8% frente a 18% en la muestra de control). Este efecto probablemente sea causado por la lactoferrina, que promueve la reparación de las células de la mucosa intestinal dañadas por la diarrea.

Lo que hace posible esta estrategia para controlar la diarrea es el invento de Ventria de un método de ingeniería genética que utiliza el arroz para producir lactoferrina y lisozima. Este proceso, denominado “agricultura biofarmacéutica”, es una manera económica e ingeniosa de sintetizar las grandes cantidades de las proteínas que se necesitarán. En efecto, los aportes de las plantas de arroz son dióxido de carbono, agua, tierra y la energía del sol, y el resultado es un grano de arroz que contiene grandes cantidades de las proteínas. El grano es procesado para extraer y purificar las proteínas, que luego son usadas para formular la solución de rehidratación mejorada.

El arroz es autopolinizante, de manera que la fecundación cruzada –la cruza con otras variedades de arroz- es prácticamente imposible. No obstante, para aliviar incluso esas preocupaciones hipotéticas, Ventria optó por cultivar su arroz en Kansas, donde no hay otros cultivadores de arroz.

Las proteínas utilizadas para complementar la solución de rehidratación oral tienen la misma estructura y propiedades funcionales que las que se encuentran en la leche materna natural, y el proceso es análogo al utilizado por rutina para la producción de proteínas a partir de otros organismos, como las bacterias y la levadura. Luego un panel regulatorio de expertos sometió a examen las proteínas para ser “Reconocidas Generalmente Como Seguras” (GRAS, por su sigla en inglés) y ser incluidas en los productos alimenticios como la solución de rehidratación oral.

El mecanismo típico antes de la comercialización sería una notificación a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) de que las proteínas producidas por el arroz son consideradas tan seguras como sus contrapartes naturales. Luego, la revisión de los reguladores no tendría por qué demorarse más de seis meses. Pero, si bien la primera notificación GRAS fue presentada ante la FDA en 2004 y fue seguida por más notificaciones, la FDA no emprendió acción alguna; y finalmente Ventria retiró las notificaciones en marzo de este año. Aunque la compañía podría comercializar el producto sin la aprobación de la FDA, los riesgos financieros serían prohibitivos.

Los investigadores de la Universidad de California en Davis enfrentaron obstáculos regulatorios similares al intentar producir lisozima en la leche de gansos manipulados genéticamente. Su solución fue trasladar el proyecto a Brasil, donde está avanzando.

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La agricultura biofarmacéutica nos llevó al borde de una solución segura y costeable para uno de los problemas de salud más apremiantes del mundo en desarrollo. Pero, gracias a un obstruccionismo burocrático, llegará demasiado tarde para muchas personas que se verán afectadas por enfermedades diarreicas en Haití y otros países pobres en las próximas semanas y meses.

Los reguladores y las autoridades de salud pública deberían estar derribando puertas y exigiendo productos que salvan vidas como la lactoferrina y la lisozima. Por el contrario, lo único que escuchamos de ellos es un silencio ensordecedor –y, en Haití y otras partes, el silencio de la tumba.