La muerte del Sócrates polaco

NUEVA YORK – Uno de los hombres más importantes del que probablemente nunca oyeron hablar murió el viernes pasado. Inmersos como estamos en un alboroto de acontecimientos que nadie recordará mañana, tendemos a prestarles menos atención a las personas que se ocupan de las cuestiones de la eternidad -los filósofos, los moralistas, los sabios que intentan desviar nuestra mente hacia cosas superiores-. Sin embargo, a la larga, son estos últimos los que más importan, y su importancia persiste cuando otras preocupaciones resultan ser transitorias. Estos hombres y mujeres cambian el mundo que los rodea, incluso si los demás no lo ven hasta mucho tiempo después.

Leszek Kolakowski era una de esas personas. Fue un filósofo reconocido mundialmente, un profesor de grandes universidades -Oxford, Yale, Chicago- y alguien que era respetado y admirado por sus colegas en todo el mundo. Escribió sobre Spinoza, las controversias teológicas de la Holanda del siglo XVII y otros temas esotéricos.

Sin embargo, Kolakowski no era un filósofo "técnico" que escribía para especialistas académicos. Era un filósofo en el mismo sentido que lo era Sócrates: un pensador que cuestionaba lo que otros daban por sentado, y que sondeaba las acciones y los sentimientos humanos para ayudarnos a entender de qué manera podemos mejorarnos y llevar vidas que sean moralmente superiores, y al mismo tiempo más plenas.

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