Paul Lachine

El mito peligroso del emprendedor héroe

NUEVA YORK – A comienzos de este mes, participé en un panel en Monte Carlo, un lugar favorito del establishment, donde se discutió la pregunta “¿Por qué Europa no puede parecerse más a Estados Unidos?” El nombre formal del panel era “Envidia de Silicon: ¿Europa alguna vez construirá el próximo gigante de medios?”

Sin embargo, me da la impresión de que la gente se concentra en la pregunta equivocada. Después de todo, ¿cuál es el valor real, por empezar, de un Microsoft o un Apple, Oracle, Google o Twitter para un país? Con certeza, no son los impuestos que pagan Bill Gates o Steve Jobs o Larry Ellison o Sergey Brin, ni siquiera los impuestos que pagan sus empresas (de los cuales otros países obtienen una parte de todas maneras).

El valor real creado por muchas de estas compañías es mucho más amplio. Sus empleados se vuelven trabajadores productivos y, en definitiva, consumidores en algún mercado local. Y sus productos y servicios generan valor aún cuando son pirateados o utilizados en países donde el proveedor no vende demasiada publicidad. En verdad, un país puede obtener todos estos beneficios sin ser el país nativo del emprendedor.

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