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Los cuarenta años de la Revolución Cultural

Este mes se cumplen 40 años del lanzamiento de la Revolución Cultural de Mao. Sin embargo, y a pesar de 20 años de liberalización económica, sus heridas siguen siendo un tabú. Los gobernantes de hoy no se atreven a enfrentar sus propias experiencias ni responsabilidad moral. De modo que, tres décadas después de su término, aún no comienza el autoexamen nacional que China necesita.

Por supuesto, el Partido Comunista ha tachado la Revolución Cultural de “catástrofe”, juicio apoyado por la opinión del público general. No obstante, los gobernantes chinos permiten la discusión de la Revolución Cultural sólo dentro de su marco oficial, suprimiendo toda reflexión no oficial. El veredicto oficial generalizado, y el uso de Lin Piao (una vez Vicepresidente y heredero designado de Mao Zedong, y que se rebeló contra él) y la “Banda de los Cuatro” como chivos expiatorios tiende un velo sobre los crímenes de Mao y el Partido, así como los defectos arraigados en el sistema.

Las figuras principales de la revolución Cultural Cultural, que planearon tanta violencia insensata, mantienen su silencio o ensayan defensas insostenibles. La mayoría de las víctimas usan también distintas excusas para ahogar sus recuerdos. Los perseguidos y los perseguidores están dispuestos a hablar sólo de su carácter de víctimas.

Por ejemplo, el fanático movimiento de los Guardias Rojos se tragó a casi todo joven que tuviese la edad correcta. Sin embargo, casi todos los Guardias Rojos se mantienen en silencio, diciendo que “no vale la pena recordar”. En los primeros días de la Revolución Cultural, el Movimiento Aliado, con base en Beijing y formado por los hijos de los cuadros del partido, cometió horrendos actos de violencia, bajo el eslogan “Si el padre es un héroe, el hijo es un buen hombre; si el padre es un reaccionario, el hijo es un huevo de tortuga”.