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La crueldad del azar

MOSCÚ - En Rusia, tras casi cada acontecimiento acecha la pregunta: ¿Quién tiene la culpa? En la tragedia que se cobró las vidas del Presidente polaco Lech Kaczynski y otras 95 autoridades polacas, podemos responder con certidumbre al menos en un aspecto: la historia la tiene.

Lo ocurrido es tan espantoso que parece una broma pesada, un diabólico complot de la KGB, una disparatada conspiración sacada de una película de James Bond... o una combinación de todo eso. Y, no obstante, el accidente que cubrió de luto a toda Polonia no fue ninguna de esas cosas. Esta tragedia que desafía toda explicación lógica confirma sólo una cosa: la crueldad del azar.

¿Qué habría pasado si la niebla no hubiera impedido un aterrizaje normal en el aeropuerto de Smolensko? ¿Si el avión no hubiera sido un Tupolev-154 ruso de 20 años de antigüedad, sino un modelo más nuevo y seguro? ¿Si el piloto polaco hubiera seguido la sugerencia del controlador ruso de tráfico aéreo que intentó desviar el avión a Moscú o Minsk?

Lamentablemente, la crueldad del azar también está al centro de los siglos de desconfianza entre Polonia y Rusia. La ironía (si es que hay alguna) es que esta tragedia golpeó en momentos en que la desconfianza, por fin, estaba dando paso a relaciones mejores y más orientadas al intercambio y a una mayor comprensión entre los dos países.