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Los crímenes de Ratko Mladic

NUEVA YORK - Ratko Mladic es un hombre fácil de odiar. En su mejor momento, no sólo hablaba y se comportaba como un matón, sino también lo parecía: el tipo de psicópata de cuello robusto, ojos claros y malas maneras que gustosamente te extirparía las uñas solo por diversión. Además de muchas otras crueldades, el Carnicero de Bosnia fue el responsable, en el verano de 1995, de la muerte de unos 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes desarmados en los bosques cercanos a Srebrenica.

Por todo eso, su detención en la localidad serbia de Lazarevo genera en la mayoría de nosotros tenemos un sentimiento de cálida satisfacción. Serbia ha ganado respeto internacional por este hecho, lo que debería acelerar su ingreso a la Unión Europea. Las antiguas víctimas de las fuerzas serbo-bosnias de Mladic  sentirán que al fin se hace un poco de justicia.

Sin embargo, el próximo juicio a Ratko Mladic da pie a algunas preguntas incómodas. ¿Por qué, en primer lugar, no puede ser sometido a juicio en Belgrado, en lugar de La Haya? ¿Y es realmente inteligente acusarlo de genocidio, además de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra?

Ambas preguntas revelan lo mucho que aún vivimos a la sombra del Tribunal de Nuremberg, donde los líderes nazis fueron juzgados por un panel judicial internacional. Se creía, tal vez con razón, que los alemanes serían incapaces de juzgar a sus propios ex gobernantes. Y los crímenes nazis habían sido tan terribles en escala e intención que hubo que crear nuevas leyes -"crímenes contra la humanidad"- para juzgar a los que habían tenido la responsabilidad formal de los mismos. Los Estados también deben rendir cuentas de sus actos, y por eso se creó 1948 la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.