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La valentía de las convicciones

Incluso quienes no comparten la postura del Primer Ministro británico Tony Blair sobre la crisis de Irak rara vez dejan de alabar su valentía. El Presidente estadounidense George W. Bush nunca enfrenta masas hostiles de la manera en que Blair debe hacerlo. Cuando Blair ingresa al Parlamento para el ritual semanal de las Preguntas al Primer Ministro, los miembros de su propio partido, el Laborista, lo acosan y le hacen preguntas hostiles. Fuera del Parlamento, e incluso en la televisión, Blair se enfrenta a grupos que exigen la paz apasionadamente.

En todas estas situaciones, Blair ha mostrado la valentía de sus convicciones. Éstas son, puestas de manera muy simple, que Saddam Hussein es un gobernante pernicioso que constituye una potencial amenaza para sus vecinos y el resto del mundo, y que debe irse.

La postura de Blair es notable, especialmente en una época en que los líderes políticos dependen de las encuestas de opinión y de las visiones expresadas por los así llamados "grupos focales", que les dicen qué pensar. Muchos políticos tratan de mantenerse tan apegados como sea posible a la visión predominante en la mayoría. Consideran que eso es "democrático" y ponen sus esperanzas en que tal fidelidad a la visión popular les garantice la reelección.

Afortunadamente, este tipo de populismo, porque no es más que eso, no se ve en todos lados. El Primer Ministro José María Aznar de España no está muy a la zaga de Blair en cuanto a mostrar la valentía de sus convicciones. El Presidente Jacques Chirac de Francia tiene el apoyo de su pueblo, pero también tiene una agenda política que parece estar centrada tanto en el grandeur de Francia como en la mera aprobación popular.