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El costo de Dick Cheney

LONDRES – George W. Bush ha empezado a trabajar en sus memorias. Cuente el lector hasta diez antes de responder.

Las autobiografías de los dirigentes políticos no son una forma literaria muy elevada. En primer lugar, pocos dirigentes escriben bien, aunque hay excepciones, como Nehru, Churchill y De Gaulle.  No es de extrañar que la mayoría de ellos empleen a un “negro”, como el de la excelente novela de misterio El poder en la sombra   de Robert Harris, que es, en realidad, una critica devastadora del ex Primer Ministro de Gran Bretaña Tony Blair.

En segundo lugar, esas memorias suelen ser poco cosa más que sartas de autojustificaciones intercaladas con listas de personas famosas conocidas durante la vida en la cumbre. Por poner un ejemplo, aunque Bill Clinton habla con cordialidad, ingenio y gran elocuencia en persona, no vale la pena leer su autobiografía.

En tercer lugar, se suelen escribir esos libros para recibir una gran suma de dinero, pero no entiendo cómo pueden los editores recuperar jamás los enormes anticipos de varios millones de dólares que conceden. Cuando en el decenio de 1950 un editor ofreció un millón de dólares al gran general George C. Marshall, cuyas memorias de la segunda guerra mundial y de su mandato como Secretario de Estado de los Estados Unidos habrían valido hasta el último céntimo, el anciano replicó: ”¿Para qué iba a querer un millón de dólares?” ¡Qué diferencia con el mundo en el que ahora vivimos!