Margaret Scott

El costo de Dick Cheney

LONDRES – George W. Bush ha empezado a trabajar en sus memorias. Cuente el lector hasta diez antes de responder.

Las autobiografías de los dirigentes políticos no son una forma literaria muy elevada. En primer lugar, pocos dirigentes escriben bien, aunque hay excepciones, como Nehru, Churchill y De Gaulle.  No es de extrañar que la mayoría de ellos empleen a un “negro”, como el de la excelente novela de misterio El poder en la sombra   de Robert Harris, que es, en realidad, una critica devastadora del ex Primer Ministro de Gran Bretaña Tony Blair.

En segundo lugar, esas memorias suelen ser poco cosa más que sartas de autojustificaciones intercaladas con listas de personas famosas conocidas durante la vida en la cumbre. Por poner un ejemplo, aunque Bill Clinton habla con cordialidad, ingenio y gran elocuencia en persona, no vale la pena leer su autobiografía.

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