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Merkel, en la tierra de las sonrisas

BERLÍN – Las elecciones de Alemania quedaron atrás. Está claro quiénes son los ganadores y los perdedores y el paisaje político ha cambiado profundamente. Sin embargo, el verdadero drama no ocurrió entre los principales partidos del país sino en los orillos del espectro político.

La canciller Angela Merkel está celebrando una victoria arrolladora -a su partido Unión Cristianodemócrata (CDU) le faltó poco para obtener una mayoría parlamentaria absoluta. Pero la dimensión de su triunfo se debe principalmente al colapso de su socio liberal en la coalición, el Partido Liberal (FDP) que, por primera vez en la historia de la República Federal Alemana, no estará representado en el Bundestag.

Los liberales siempre han sido una parte clave de la democracia alemana de posguerra; ahora desaparecieron del mapa. La responsabilidad de esto recae, primero y principalmente, en el FDP. Ningún partido gobernante puede darse el lujo de tener ministros y líderes tan tristemente incompetentes. Merkel no tuvo más que dar un paso atrás y presenciar el suicidio público de los liberales en los últimos cuatro años.

Los partidos de la oposición también pagaron el precio de su incapacidad para entender la realidad. La economía está en una actividad frenética, el desempleo es bajo y la mayoría de los alemanes están mejor de lo que alguna vez hayan estado. Pero, en lugar de centrarse en las flaquezas del gobierno -energía, Europa, educación y políticas para las familias-, apostaron sus fortunas políticas a la justicia social. La campaña panglosiana de Merkel estuvo mucho más a tono con el sentimiento del electorado alemán que la tristesse de los partidos de la oposición sobre el sufrimientode la clase trabajadora -algo que, con razón, se vio como un ardidpara subir los impuestos.