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La falacia de la fuerza de voluntad en el debate sobre el cambio climático

COPENHAGUE – Existe la peligrosa idea errónea de que la fuerza de voluntad y el acuerdo político son los únicos ingredientes necesarios de que se carece para luchar contra el calentamiento planetario. En realidad, existe también un colosal obstáculo tecnológico. Poner fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles requiere una transformación completa de los sistemas energéticos del mundo.

Ninguna de las formas de energía substitutivas es lo bastante eficiente para competir en escala con los combustibles fósiles. Aparte de la energía nuclear, que sigue siendo mucho más cara que los combustibles fósiles, todas las posibilidades conocidas requieren importantes investigaciones e innovaciones.

Piénsese en el aterrador y absurdo hecho de que las investigaciones de las que se depende para hacer avanzar la causa de las reducciones de carbono utilizan modelos económicos que se limitan a suponer que se producirán adelantos tecnológicos espontáneamente. A nuestro complaciente ritmo actual, con tan sólo 2.000 millones de dólares de fondos públicos gastados anualmente a escala mundial en investigación e innovación sobre fuentes energéticas verdes, los necesarios adelantos tecnológicos no se producirán a tiempo.

En ese caso, los gobiernos intentarán reducir las emisiones de carbono mediante impuestos y planes de comercio de emisiones sin substituciones eficaces. En ese caso, no influiremos prácticamente nada en el cambio climático del futuro, mientras que a corto plazo se habrá causado un importante daño al crecimiento económico, con lo que habrá más personas que vivan en la pobreza y el planeta se encontrará en una situación mucho más sombría de lo que podría haber estado.