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El camino chino a Pyongyang

NUEVA YORK – La visita de Kim Jong Il a China esta semana fue un recordatorio discreto de que el camino a Pyongyang pasa por Beijing. China es la única potencia que mantuvo lazos con Corea del Norte, con muchos altibajos, mientras que Rusia, Japón, Estados Unidos y Corea del Sur se acercaron y luego se alejaron.

Al mantener una puerta abierta a los líderes de Corea del Norte, China está haciendo un aporte sustancial a la paz regional. Se trata de diplomacia audaz –por la que China recibe escaso crédito- en un momento sumamente sensible.

No obstante, la “influencia” de China sobre Corea del Norte en parte es ilusoria. La visita de Kim debería evaluarse en términos de las relaciones entre China y Corea del Norte tal como son, y no como a otros podría gustarles que fueran. Hacer esto deja en claro el papel que les quedó a Estados Unidos y Corea del Sur a la hora de comprometer al Norte para revivir el proceso de desnuclearización y reparar las relaciones entre las dos Coreas.

Tres interpretaciones erróneas generalizadas distorsionaron la cobertura de la visita de Kim a China. El primer error conceptual es que Kim buscó desesperadamente la ayuda china para apuntalar su régimen frente al vigoroso descontento tras las fallidas reformas monetarias. Pero, si bien las últimas tribulaciones económicas de Corea del Norte han sacudido al liderazgo, el régimen ha tenido que capear peores temporales. Y la relación económica entre China y Corea del Norte está impulsada tanto por intereses materiales y factores económicos como por temores sobre la estabilidad geopolítica.