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¿La amenaza china, segunda parte?

Oculta en los debates sobre si la Unión Europea debería levantar su embargo a la exportación de armas a China hay una pregunta mucho más amplia y urgente: ¿ve hoy la administración Bush nuevamente a China como un competidor estratégico, como ocurría en sus primeros tiempos, antes de que la guerra contra el terrorismo lo obligara a buscar la cooperación de los gobernantes chinos? Así lo sugiere el hecho de que Japón se haya alineado con Estados Unidos al apoyar a Taiwán en su oposición al levantamiento del embargo de armas de la UE a China.

Nunca antes el gobierno de Japón había tenido una postura tan similar a la de la administración estadounidense sobre el tema de Taiwán. Cuando los dos países renovaron su alianza en 1996, la esfera operacional de las fuerzas militares de Japón se expandió mucho más allá de la isla principal japonesa. No obstante, el gobierno mantuvo una posición deliberadamente vaga acerca de sus responsabilidades y se negó a clarificar los límites geográficos de las actividades de las Fuerzas de Defensa del Japón.

Casi diez años después, Japón está listo para una claridad estratégica. Shinzo Abe, secretario general en funciones del gobernante Partido Liberal Democrático de Japón y uno de los principales candidatos a suceder a Junichiro Koizumi como primer ministro japonés el año próximo, lo expresó sin ambigüedades: no sería bueno para el Japón enviar una señal a China de que Estados Unidos y Japón se cruzarán de brazos y tolerarán una invasión militar china a Taiwán.

Al tiempo que sigue estos sucesos y analiza su contexto, el gobierno de China parece estar profundamente preocupado. El ministro chino de relaciones exteriores condenó el paso de Estados Unidos y Japón como una interferencia en los asuntos internos de China y expresó una decidida oposición a la declaración de Abe.