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Desafíos de la ampliación de la UE

Durante más de medio siglo, los europeos han compartido las aspiraciones de estrechar los lazos políticos y la cooperación económica. El último capítulo de este proceso, y quizás el más notable, se inició con la adhesión de 10 nuevos países a principios de este ańo. La expansión del segundo mercado más importante del mundo ofrece oportunidades históricas de renovación económica.

Sin embargo, la ampliación de la Unión Europea (UE) también plantea ciertos desafíos inevitables. En un contexto caracterizado por la desaceleración del crecimiento, la persistencia de altas tasas de desempleo y la difícil situación fiscal de algunos países, no es sorprendente que los miembros más antiguos a veces se centren más en los desafíos problemáticos que podrían plantearse que en las oportunidades.

Estos problemas son reales, pero su solución radica en las nuevas oportunidades que ofrece la UE ampliada: el mayor intercambio de bienes y servicios; la integración de los mercados financieros y una mejor asignación del capital, y el potencial efecto disciplinario de la integración sobre las políticas económicas.

Las ventajas en términos de comercio e inversión —más de 450 millones de personas en 25 países— son evidentes. La inclusión de las economías de renta media de crecimiento más rápido de Europa central y oriental ofrece un mercado interno más vasto y diverso, con un poder adquisitivo creciente y una población activa instruida. La adopción del euro debería promover una integración comercial aún mayor, eliminando la incertidumbre sobre los tipos de cambio, reduciendo los costes de transacción y fomentando la transparencia de precios y la competencia mayores. La experiencia de los miembros actuales de la zona del euro hasta el momento parece indicar que el comercio ha aumentado alrededor del 10% por la adopción de la moneda única.