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El reto Chávez

Las recientes elecciones legislativas de Venezuela confirmaron tendencias que han puesto reiteradamente al país en los titulares de los periódicos en los últimos años. El presidente Hugo Chávez demostró una vez más que goza de un amplio apoyo entre los pobres y desposeídos del país y que está muy adelante de sus opositores en términos de habilidad política, astucia y dureza. Sin embargo, al mismo tiempo la participación de los electores está disminuyendo en cada elección que se organiza bajo la administración de Chávez, y la dudosa limpieza de los procesos electorales es cada vez más evidente.

Es cierto que el retiro de la oposición de los comicios unos días antes de las votaciones fue, como afirmó Chávez, más un síntoma de su propia debilidad que de los problemas del proceso electoral. Y también es cierto que esa misma debilidad es consecuencia de la supresión gradual de muchas de las características del orden democrático tradicional de Venezuela.

Aun así, los errores de la oposición han sido enormes, desde el apoyo al golpe fallido contra un Chávez electo democráticamente en abril de 2002, hasta la frustrada huelga en PEDEVSA, la compañía petrolera nacional de Venezuela a principios de 2003. En política nada es más letal que el fracaso en la confrontación directa.

En esas circunstancias, Chávez puede darse el lujo de ser audaz a pesar de que sus políticas no han logrado beneficiar a su principal clientela: el más del 50% de los venezolanos que viven en la pobreza y la desesperanza. La pobreza ha aumentado desde que Chávez llegó al poder en 1988; las finanzas del gobierno y la balanza comercial dependen más de los ingresos petroleros que antes y, aparte de los programas cubanos de alfabetización y de los servicios de los "médicos descalzos" de barrio, el bienestar general de los pobres sigue igual, si no es que peor.