2

Brasil exhausto

RÍO DE JANIERO – Las demostraciones que sacuden a la sociedad brasileña canalizan un sentimiento generalizado: ¡ya basta! Pero, excepto en el caso de los agitadores profesionales, no hay odio en las protestas callejeras. En su lugar, lo que hay es una especie de cansancio impaciente.

Los brasileños están cansados de ser tratados brutalmente por el transporte público en las zonas metropolitanas del país; cansados de los hospitales espantosos; cansados de los escándalos de corrupción; y están particularmente cansados de la inflación, que ha regresado como una temida enfermedad para erosionar una vez más el poder adquisitivo de la gente y amenazar con el regreso de millones de personas a la pobreza, de la que habían escapado hace tan poco.

Es difícil estar en desacuerdo con los manifestantes. Sin embargo, hay muchos motivos económicos para preocuparse por las demostraciones.

Desde la implementación en 1994 del Plano Real, que redujo la inflación a niveles manejables, Brasil logró avances económicos y sociales extraordinarios. Los presidentes Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva ocuparon la presidencia durante ocho años cada uno. Durante esos períodos lograron un rápido crecimiento económico con estabilidad de precios y una sólida posición fiscal. Su éxito elevó a una porción significativa de los brasileños pobres a la clase media y logró que Brasil se convirtiese en un destino atractivo para los inversores extranjeros.