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El oscuro círculo caucásico

MOSCÚ – Las autoridades rusas recientemente comenzaron a hacer alarde de las masivas medidas de seguridad que se están implementando de cara a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en el complejo de Sochi, en el Mar Negro. Tienen buenos motivos para estar preocupados, y no sólo por la seguridad de los atletas y los espectadores.

La violencia en el Norte del Cáucaso está dejando de ser un conflicto regional serio para convertirse cada vez más en una amenaza existencial para toda la Federación Rusa -una evolución que refleja casi todos los errores, fracasos y crímenes del liderazgo post-soviético.

Dos guerras horrorosas con separatistas locales, entre 1994 y 1996 y entre 1999 y 2006, se libraron por Chechenia, supuestamente para asegurar la integridad territorial de Rusia. Nosotros los rusos libramos estas guerras para demostrarles a los chechenos que ellos, también, eran ciudadanos de Rusia. Lo hicimos destruyendo sus ciudades y pueblos con bombas de artillería y bombardeos aéreos, y secuestramos y asesinamos a civiles, cuyos cuerpos muchas veces mostraban señales de tortura. No debería sorprender a nadie que los chechenos, y otros pueblos del Cáucaso, no se sientan muy rusos. 

A decir verdad, Rusia perdió la guerra contra los separatistas chechenos. El ganador fue Ramzan Radyrov, uno de los comandantes de campo en la contienda. Ostensiblemente, Radyrov es una persona leal al primer ministro ruso, Vladimir Putin, pero en realidad es prácticamente independiente del Kremlin, que le entrega un respaldo financiero sustancial, no sólo por su declaración formal de lealtad, sino también por su abrazo público de Putin.