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No le tengan miedo al scooter

TEL AVIV – Las bicicletas eléctricas y los scooters están pagando los platos rotos. Preocupaciones por fatalidades de tránsito, peatones aterrorizados y una anarquía urbana han llevado a un creciente coro de políticos y analistas de medios a la conclusión de que, directamente, se debería prohibir la tecnología. Pero estos críticos no entienden el punto. Las opciones de transporte pequeñas, portátiles y eléctricas son una enorme oportunidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, evitar los congestionamientos de tránsito y aliviar la frustración humana.

Un scooter que hace un promedio de 16 kilómetros por día produce 3.500 gramos menos de dióxido de carbono que un auto que recorre la misma distancia. Si 10.000 personas cambiaran de autos a scooters, sus emisiones combinadas de CO2 disminuirían 35 toneladas métricas por día; si cinco millones de personas hicieran lo mismo, producirían apenas 370 toneladas métricas por día, o apenas el 2% de lo que genera una cantidad equivalente de autos. El problema, por supuesto, es que los administradores del transporte, y los políticos que fijan sus presupuestos, todavía no han hecho los ajustes de políticas e infraestructura para llevar a cabo una revolución del transporte de esas características.

Si quieren ver lecciones sobre cómo se pueden maximizar los beneficios de esta tecnología sin comprometer la seguridad pública, pueden analizar el caso de Tel Aviv, donde hoy hay más de 5.000 scooters eléctricos de alquiler. Para ayudar a los departamentos de transporte y de policía de la ciudad a formular las mejores políticas para gestionarlos, junto con mis estudiantes de posgrado hemos profundizado en los datos de uso.

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