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La responsabilidad del caricaturista

Los últimos acontecimientos en torno a la publicación de caricaturas en Dinamarca han dejado a todos sorprendidos, especialmente a quienes, como yo, son caricaturistas editoriales.

Por una vez he decidido dejar de lado los pinceles y escribir en la computadora portátil sobre este tema, principalmente debido a que el espacio que normalmente se asigna a mis dibujos no permite decir lo que deseo decir. ¡Si me hubieran dado espacio suficiente, habría dibujado este artículo!

El debate sobre las caricaturas ha sido intenso, hasta el punto de que ahora nos resulta tedioso, cubriendo temas que van desde la libertad de expresión a un choque de valores e incluso a un choque de civilizaciones. Lo que también es claro es el hecho de que el debate ha sido aprovechado y secuestrado por elementos radicales y extremos de ambos bandos: quienes defienden el derecho a la libertad de expresión y aquellos que defienden la fe musulmana.

También ha quedado en evidencia que la fe tiene una significación mayor que ser meramente algo que pertenece a los creyentes. Se practica con pasión, y está estrechamente conectada con las vidas de quienes la sostienen.