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La Temporada del Cáncer

Ahora que el verano se acerca, deberíamos detenernos a examinar el lado oscuro del sol. Responsable del nacimiento de toda la vida en nuestro planeta, el sol es también una fuente de carcinógenos medioambientales. En particular, en la actualidad sabemos que la radiación solar ultravioleta es la causa principal de la mayoría de los tipos de cáncer de piel.

Considerado durante mucho tiempo como una enfermedad de escasa relevancia en la salud pública, el cáncer de piel se ha vuelto hoy una epidemia. Para este año, en los EE.UU. se espera la aparición de unos 90.000 nuevos casos de melanoma maligno, y más de un millón de casos de cáncer de piel no maligno. El melanoma va a provocar la muerte de unas 8.000 personas, y el cáncer de piel no maligno la de unas 2.000 más. El melanoma es actualmente el tipo de cáncer más común entre las mujeres de 24 a 35 años de edad. Alguna vez fue una enfermedad que afectaba a hombres de 50 o 60 años, pero en la actualidad no es extraño que mujeres que aún no han cumplido los treinta desarrollen cáncer basocelular o cáncer de células escamosas.

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La incidencia del cáncer de piel se ha elevado drásticamente, pero al mismo tiempo comprendemos mejor sus causas. Durante más de cincuenta años, se ha tenido la sospecha de que la radiación ultravioleta del sol es la principal causa del cáncer de piel. Los datos epidemiológicos obtenidos en Australia, los estudios efectuados en animales empleando fuentes artificiales de luz ultravioleta y el desarrollo de cáncer de piel en personas con una incapacidad genética para corregir el daño al ADN causado por la radiación ultravioleta aportaron evidencia circunstancial que permitía establecer un vínculo. Trabajos más recientes han establecido una relación causal entre el sol y el cáncer de piel, tanto a nivel molecular como a nivel celular.

La radiación ultravioleta genera mutaciones únicas y específicas en un gen supresor de tumores que produce una proteína llamada p 53 . Esta proteína participa en un proceso denominado apoptosis , en el que las células dañadas se "suicidan" para que sus genes defectuosos no sean traspasados a las células hijas. (¡Quizás éste sea el primer indicio de que el autosacrificio es un rasgo inherentemente humano!) Dañada por el sol, pero incapaz de suicidarse, la célula mutada sigue reproduciéndose a costa de las células normales que la rodean, lo que causa un crecimiento pre-cancerigeno que puede desembocar en un carcinoma de células escamosas plenamente desarrollado.

¿Qué podemos hacer para entregar a las personas información sobre el cáncer de piel y la manera de prevenirlo? Si nuestro mensaje central es "no se exponga nunca al sol", estamos condenados al fracaso. Crear una cultura de habitantes de las cavernas no es una buena opción para disminuir la incidencia del cáncer de piel.

Por otra parte, al educar el público nos estamos enfrentando a fuerzas poderosas: íconos culturales cuyo color de piel evoca el bronce de las estatuas del Louvre, el puro y simple placer de estar al sol y finalmente lo que las personas perciben como los beneficios graduales en la salud generados por la radiación ultravioleta. La escasez de actores, líderes corporativos o políticos de tez pálida confirman que el bronceado se identifica con la salud, la riqueza y el poder, y no con las penurias de la clase trabajadora, como ocurría en el pasado.

La industria del bronceado artificial asegura que la radiación ultravioleta de sus aparatos causa menos daño que la luz solar. Sin embargo, en ambos casos el bronceado de la piel corresponde a la respuesta del cuerpo frente a un daño. Los gránulos microscópicos de pigmento producidos por las células de pigmento de la piel se agrupan alrededor del núcleo celular para formar un escudo que proteja al ADN de los rayos dañinos e impida la mutación. No importa que la radiación ultravioleta provenga de una bombilla o una estrella.

Natural o artificial, la radiación ultravioleta causa el envejecimiento prematuro de la piel.

La ironía, imposible de evitar, es que en el fondo tanto los adolescentes como las jóvenes mujeres que buscan broncearse para lucir más atractivos están cambiando un par de momentos de dorado esplendor por una vida llena de arrugas prematuras, líneas finas y una piel de aspecto demacrado.

Como los jóvenes piensan que son inmortales, ni siquiera los llamados a la vanidad a largo plazo -mucho menos las advertencias sobre el cáncer- bastan para alejarlos de las cabinas de bronceado.

Sin embargo, las dificultades que puedan surgir mientras educamos a las personas en lo concerniente a las causas del cáncer de piel de ninguna manera reducen nuestro deber de intentarlo. Existe una cantidad de otras enfermedades sobre cuyo origen no sabemos nada. En cambio, sabemos muy bien qué debemos hacer para prevenir el cáncer de piel - y prevenir es siempre más fácil que curar.

Una buena forma de comenzar es asegurarse de que las personas tengan acceso a información fidedigna. La pseudociencia y la industria antienvejecimiento son una fuente importante de información potencialmente errónea, pero muchas veces la Internet también entrega información falsa y perjudicial. Resulta sorprendente el hecho de que, entre los pacientes, la Internet goce del mismo nivel de credibilidad del que goza la televisión entre los consumidores: "Lo leí en la Internet, así es que debe ser cierto".

Al mismo tiempo, habría que regular los centros de bronceado.

Mientras que muchas veces a los barberos, peluqueros, taxistas, dueños de bares y médicos se les exige obtener una licencia, para administrar un centro de bronceado casi nunca se requiere un permiso.

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Pero resulta que en ninguna de las actividades mencionadas anteriormente se expone deliberadamente a los clientes a carcinógenos medioambientales. Hasta que la industria del bronceado no decida autoregularse, los pacientes deberían evitar las bombillas y utilizar los aerosoles: usar bronceados artificiales.

Esta enfermedad se puede prevenir, y debiera convertirse en el centro de una exhaustiva campaña educacional similar a las campañas en contra del tabaco, que en la actualidad están rindiendo frutos en muchos países. Además, las investigaciones científicas que estudian el órgano humano más expuesto seguirán proporcionándonos tratamientos innovadores y nuevas formas de prevención, que podrán luego aplicarse a otros tipos de cáncer.