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La seducción del César

El golpe de Estado del 28 de junio en Honduras fue un camino ilegal y anacrónico para impedir que el Presidente Manuel Zelaya realizara un referéndum para abrir camino a su eventual re-elección. Ese mismo día, en la Argentina, los Kirchner eran derrotados en elecciones legislativas con las que intentaban asegurarse la posibilidad de que uno de ellos fuera re-electo en 2011. Ambos sucesos tan diferentes—uno antidemocrático y el otro legítimoamp#45;amp#45; ponen de relieve un fenómeno que se extiende en la región con matices distintos: la tentación por encumbrar en el poder a nuevos Césares.

No se trata de una idea nueva, sino de una práctica que parecía ya superada y que renace con fuerza a lo largo y ancho de la región.

Ya en 1919 se había publicado con gran difusión continental la primera edición del “Cesarismo democrático” del sociólogo e historiador venezolano, Laureano Vallenilla Lanz. Con una racionalidad instrumental, y a favor de un sistema constitucional efectivo—en vez del escritoamp#45;amp#45;, Vallenilla reivindicó para Venezuela la idea del caudillo carismático y gendarme que concentrara el poder político y garantizara un determinado orden institucional. Hoy, a 90 años de aquella obra, pareciera que en Latinoamérica se reactualiza la idea del “buen César”.

En efecto, el auge actual de la re-elección presidencial en democracia es la nota predominante de los sistemas electorales en el área. En la gran mayoría de las naciones y durante buena parte del siglo XIX y hasta bien entrada la Guerra Fría en el siglo XX, la prohibición de la re-elección fue preponderante: los mayores temores que generaba tenían que ver con la eventual perpetuación de los mandatarios y con la proclividad al fraude electoral.