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La lucha contra la pobreza mediante el fomento de los negocios

Desde China a Chile, desde la República de Corea hasta Sudáfrica, prácticamente no hay oposición significativa a la idea de que la inversión privada es decisiva para lograr la prosperidad y el crecimiento. Sin embargo, sólo en contadas ocasiones la inversión privada beneficia a los más pobres entre los pobres, precisamente los que más la necesitan.

Algunos culpan al sistema de comercio mundial injusto, en el que las naciones ricas derriban todas las barreras comerciales excepto las propias. Otros señalan la carga de la deuda que pesa sobre algunos de los países más pobres o la volatilidad de los mercados emergentes.

Sin embargo, ahora estamos convencidos de que también existen muchos obstáculos normativos y brechas que impiden llegar a mercados no explotados que detienen el curso del capital privado hacia los países más pobres, y que coartan el potencial pleno de las pequeñas empresas de los países y las regiones pobres como generadoras de empleo y de desarrollo local.

Asimismo, sobre la base de nuestras experiencias personales - en México, un país activamente abierto a la inversión extranjera y al comercio, y en el Canadá, uno de los principales países donantes y una fuente importante de inversión privada en países en desarrollo - estamos convencidos de que pueden detectarse, aislarse y solucionarse muchos de estos problemas. La energía empresarial ya existe. Basta con visitar el pueblo más pequeño del país más pobre el día de mercado para ver este sector privado incipiente en acción. Si estas pequeñas empresas pudieran extenderse más allá de la plaza de su pueblo, ¿puede ponerse en duda que podrían estar al frente del crecimiento de sus países mejor que cualquier organismo de asistencia?