Pedro Molina

El accidentado camino que queda por recorrer

CAMBRIDGE – Si hemos de dar crédito a los datos del  mercado de valores y de los tipos de interés, para la economía de los Estados Unidos ya ha pasado lo peor y puede ir camino de una lenta recuperación, pero los problemas para la economía mundial acaban de empezar. Si no se da a la mundialización el toque que necesita, las perspectivas económicas serán poco prometedoras tanto para los países ricos como para los pobres.

Lo peor que podría suceder es una vuelta a lo ocurrido en el decenio de 1930, cuando los países erigieron altas barreras comerciales y se retiraron al aislacionismo, para perjuicio de todos. Por fortuna, en la actualidad se trata de una hipótesis remota, pero la otra posibilidad negativa es la de dar por sentado que un parcheo menor será suficiente para que la mundialización vuelva a ser boyante y sostenible. Harán falta un auténtico esfuerzo y una auténtica creatividad para reparar las profundas grietas que la crisis financiera ha revelado en la mundialización.

En primer lugar, la buena noticia. La reacción mundial ante la crisis puede no haber sido estelar, pero tampoco ha sido la gresca que se podría haber temido. El G-20 no pudo acordar un estímulo fiscal coordinado ni medidas concretas con vistas a una reforma de la banca, pero sí que se unió tras el Fondo Monetario Internacional y le aportó recursos suplementarios. Pese a las decenas de nuevas medidas proteccionistas adoptadas en todo el mundo desde el comienzo de la crisis financiera, la inmensa mayoría de ellas no supone un peligro como para quitar el sueño. La mundialización no ha recibido un golpe mortal... al menos todavía no.

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