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Enseñanzas para la regulación que se desprenden

por Kenneth Rogoff

CAMBRIDGE – Mientras el pozo de petróleo dañado sigue soltando a borbotones millones de galones de crudo desde las profundidades del fondo del golfo de México, el problema inmediato es el de cómo mitigar una catástrofe medioambiental que aumenta por momentos. Sólo podemos abrigar la esperanza de que se contenga el vertido pronto y no se materialicen las hipótesis peores y cada vez más tenebrosas.

Sin embargo, el desastre plantea una amenaza aún más profunda a la forma como las sociedades modernas regulan las tecnologías complejas. La acelerada velocidad de la innovación parece estar superando la capacidad de los reguladores estatales para afrontar los riesgos y más aún para prevenirlos.

Los paralelismos entre el vertido de petróleo y la reciente crisis financiera son demasiado dolorosos: la promesa de innovación, la complejidad insondable y la falta de transparencia (los científicos calculan que sólo conocemos una pequeña fracción de lo que ocurre en las profundidades del océano.) Grupos de presión adinerados y políticamente poderosos ejercen presiones enormes sobre las estructuras de gobierno más sólidas. Constituye un enorme apuro para el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, que propusiera –presionado por la oposición republicana, cierto es– aumentar en gran medida las perforaciones en busca de petróleo en el mar justo antes de que se produjera la catástrofe de BP.