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El mensaje que llega desde Boston

PRINCETON – Estados Unidos ha madurado. La reacción del público ante los atentados con bombas durante la maratón de Boston y ante la identidad de los autores revela una nación muy distinta de la que se reflejó en las respuestas traumatizadas y ocasionalmente histéricas ante los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. La magnitud de los dos ataques fue, por supuesto, muy distinta – en el año 2001 se asesinaron a miles de personas y se destruyeron principales puntos de referencia nacionales, mientras que el atentado con bombas en Boston mató a tres personas e hirió a alrededor de 260. Aún así, fue el primer ataque de grandes proporciones contra Estados Unidos desde el año 2001, y es instructivo contrastar la actualidad con aquel momento.

Considere el zumbido en los medios sociales a pocos minutos de la explosión de las bombas. El New York Post, un tabloide, emitió un flujo de reportajes sensacionalistas afirmando que 12 personas habían muerto y que un ciudadano saudí se encontraba “bajo vigilancia” en un hospital de Boston. Periodistas y columnistas veteranos inmediatamente contrarrestaron dicha información cuestionando las fuentes del Post y la falta de confirmación de lo que estaba informando. Kerri Miller de la Radio Pública de Minnesota envió un mensaje de Twitter indicando que ella había cubierto el atentado de Oklahoma en el año 1995, mismo que según los reportajes periodísticos iniciales fue una explosión de gas, posteriores reportajes indicaron que fue un ataque de terroristas extranjeros, y, finalmente, se informó que fue la obra de extremistas nacionales.

Dichos comportamientos cautelosos y moderados surgieron directamente como resultado de la toma de conciencia colectiva acerca de que muchos inocentes musulmanes-estadounidenses sufrieron por la ignorancia e ira de los estadounidenses después de los atentados del año 2001. En efecto, fue igualmente sorprendente el número de expertos que insinuaron que el atentado con bombas en Boston fue gestado dentro de la nación, guardando mayor similitud con el atentado en la Ciudad de Oklahoma o con el tiroteo masivo de niños de primer grado en Newtown, Connecticut el pasado diciembre, que con el complot del año 2001. Estados Unidos del año 2013, en contraste al Estados Unidos del año 2001, está dispuesto a reconocer sus propias patologías antes de buscar enemigos en el extranjero.

Es más, incluso en medio de la conmoción y el dolor avivado por las imágenes del atentado con bombas y de las muchas víctimas con miembros destrozados y triturados, los estadounidenses encontraron al menos un poco de ancho de banda para comprender que las bombas siguen siendo una característica de la vida cotidiana en Irak y Siria. El Estados Unidos de hoy es una nación que reconoce que no es la única nación del mundo, y que de ningún modo es la que está en peor situación.