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La opción de Blair en Palestina

Algunos están considerando la liberación de un periodista de la BBC secuestrado en Gaza un intento de Hamas (que niega participación alguna en el secuestro) para granjearse el favor de Tony Blair, quien, al dimitir de su cargo de Primer Ministro de Gran Bretaña, fue nombrado enviado internacional a Israel y Palestina. Blair tiene la ingrata misión de ayudar al Presidente palestino Mahmoud Abbas a crear las instituciones para un Estado viable, tras la ocupación militar de Gaza por Hamas.

En vista de lo que está en juego, se trata de una misión que vale la pena llevar a cabo, pese al gran riesgo de fracaso, pero, a no ser que Blair reciba mucho apoyo inesperado, el fracaso está asegurado.

Cuatro hechos básicos rigen el papel de Blair:

  • No hay paz posible, a no ser que el Gobierno palestino pase a ser el dueño de su propia casa;
  • Nada es posible, si Gaza sigue siendo un virtual matadero;
  • Abbas no puede triunfar y Hamas no puede resultar debilitado políticamente, a no ser que haya una asistencia económica exterior en gran escala,
  • Es imprescindible limitar el perjuicio causado por el conflicto palestino-israelí a todo lo demás que se debe hacer en el Oriente Medio.

Blair no es el primer estadista que intenta ayudar a los palestinos. James D. Wolfensohn, ex jefe del Banco Mundial, lo intentó a comienzos del mandato de Bush. Wolfensohn logró algunos avances, pero no fueron suficientes, en particular cuando los Estados Unidos, Israel y la Unión Europea decidieron someter a los palestinos a la inanición financiera, después de que Hamas lograra su inesperada victoria en las elecciones palestinas celebradas en enero de 2006. Wolfensohn se retiró, frustrado.