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El enfriamiento

MOSCU: Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia están pasando por un nuevo proceso de deterioro que inició en 1998, pero que se detuvo en el 2000 debido a las elecciones presidenciales. En ese entonces, los Republicanos atacaban a los Demócratas por ser el partido que había “perdido” Rusia, por lo que a la administración de Clinton y Gore no le resultaba conveniente confirmarlo peleándose con Putin. Ahora, ya que los Republicanos están en la Casa Blanca, los problemas entre los dos países han salido a la luz y se están multiplicando.

La administración de Bush parece estar convencida de que Rusia y Estados Unidos están jugando un juego de “suma cero”, es decir, que cada triunfo diplomático que pueda tener Rusia, sin importar cuan pequeño, es a expensas de Estados Unidos. Así, se considera que los esfuersos rusos para tratar al mundo diplomático como un sistema multipolar es sólo una careta para ocultar su empeño de dañar a Estados Unidos. Para complicar las cosas, los dos países, para todo efecto práctico, han interrumpido tanto el diálogo extraoficial como –con algunas excepciones—el oficial.

¿Por qué está sucediendo esto? Gran parte de la política exterior de Estados Unidos está en manos de gente que ha estado alejada de la diplomacia internacional durante quince o veinte años, por lo que entonan todavía los himnos de la Guerra Fría. El primero de ellos es el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y algunos de sus colaboradores cercanos. Se muestran incapaces de reconocer que el mundo de la post Guerra Fría no es el mundo que ellos conocieron la última vez que estuvieron en el poder. Antes que negociar con sus viejos adversarios, los rusos, están dispuestos a demostrar lo duros que son.

Sin embargo, ni los Estados Unidos ni Rusia –y ésta aún menos-- se benefician con esa confrontación. De hecho, la confrontación tan sólo generará una situación en la que Rusia se verá arrinconada y se aliará con estados verdaderamente hostiles a los Estados Unidos, aun cuando ella no lo es ahora.