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La paradoja de Berlusconi

ROMA - Una tormenta ha ocurrido en Italia. Otra, tal vez más grande, aún no ha comenzado.

No por vez primera, la política italiana es un paisaje de paradojas y oximorones. Así, un primer ministro que ganó el apoyo masivo de los votantes sólo hace dos años y medio, ganó las elecciones de mitad de período, sobrevivió a dos votos de confianza en el Parlamento y todavía goza de altos índices de aprobación se encuentra constantemente bajo presión.

Dieciséis años han pasado desde que Silvio Berlusconi, al mismo tiempo una bendición y una maldición para el pueblo italiano, hiciera su primera incursión en la arena política. Berlusconi ha estado en el poder durante ocho de esos años, aunque, como dice Giuliano Ferrara, director de Il Foglio, la percepción popular es que, dada su personalidad dominante, ha gobernado todo el tiempo. La era Berlusconi está llegando a su ocaso, pero su sol no quiere desaparecer del horizonte.

Berlusconi, cabeza de un diversificado imperio de medios (televisión, radio, prensa, Internet, películas, publicidad y libros), decidió crear un partido político en momentos en que creía que de lo contrario los post-comunistas podían ganar el poder. Hasta 2006, Berlusconi se basó en tres apoyos: los federalistas de la Liga del Norte, los post-fascistas liderados por Gianfranco Fini y la Unión Católica del Centro (UDC), bajo la dirección de Pier Ferdinando Casini.