¿Por qué consolidar?

STANFORD – En todo el mundo, los encendidos debates sobre la conveniencia de reducir los grandes déficits presupuestarios y elevados niveles de deuda soberana y, en caso afirmativo, cuándo, cómo, y en cuánto, dividen al público y a los responsables de políticas. Proliferan propuestas y políticas diametralmente opuestas sobre el gasto, los impuestos, y las cuestiones monetarias y regulatorias. Consolidar o no consolidar (el presupuesto), esa es la cuestión.

La izquierda política clama por un aumento del gasto y de los impuestos sobre los sectores con mayores ingresos, y por demorar la consolidación fiscal. Por ejemplo, el economista y columnista del New York Times, Paul Krugman, propone esperar entre 10 y 15 años. (Muchos de estos partidarios se pronunciaron, por motivos análogos, en contra de las exitosas políticas antiinflacionarias de la Reserva Federal a principios de la década de 1980). La política derecha llama a una reducción más rápida del déficit mediante de recortes del gasto.

En Europa, los responsables de políticas, incluido el Banco Central Europeo, demandan la consolidación en los países con altos niveles de endeudamiento, pero son flexibles en las negociaciones; los votantes, sin embargo, la rechazan –más recientemente, en Italia. En Estados Unidos, los republicanos proponen equilibrar el presupuesto en 10 años a través de reformas en los gastos de asistencia y los impuestos (menos excepciones, deducciones y créditos proveerían los ingresos necesarios para reducir las tasas de los impuestos personales y los gravámenes a las empresas, que, al 35 %, son los más elevados en la OCDE).

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